El Grillete de Oro: El Rescate de Nahle y el Espejismo de la Autonomía Municipios

0
669e220d-faf3-4cd2-ab3e-64949f9e9da4
Comparte en Redes

​Por Flori Marín / Revista Digital Nororiente Teziutlán

​La política veracruzana es, con frecuencia, un ejercicio de arqueología financiera: siempre terminamos excavando en los escombros de las administraciones de Fidel Herrera y Javier Duarte para entender por qué el presente no avanza. El reciente anuncio de la gobernadora Rocío Nahle sobre la “absorción” de la deuda de bursatilización de 199 municipios es, a partes iguales, una cirugía de emergencia necesaria y una jugada política de alto calibre que merece ser diseccionada más allá del aplauso oficialista.

​Durante 19 años, Veracruz ha protagonizado una tragedia económica digna de estudio: los ayuntamientos han pagado más de 3,000 millones de pesos —una cifra que podría haber reconstruido la infraestructura hídrica del estado dos veces— sin haber reducido ni un solo centavo del capital original. La bursatilización no fue un esquema de financiamiento; fue un grillete de oro diseñado para alimentar a “tenedores de deuda” invisibles a costa de las calles sin pavimentar y los drenajes colapsados de los veracruzanos.

​La propuesta de la administración actual suena irrechazable: el Estado compra la deuda, baja los intereses y ofrece un subsidio del 25%. En el papel, es un acto de generosidad administrativa. En la realidad política, es una centralización del control.

​Al convertir al Gobierno del Estado en el nuevo acreedor, la estructura de poder cambia. Los alcaldes ya no le deberán a un banco lejano o a un fideicomiso abstracto controlado por la SHCP; le deberán directamente a la oficina de junto. Esta “limpia” de las finanzas municipales viene con una condición que parece un ultimátum: la unanimidad. Si un solo municipio se baja del barco, el plan se hunde. Es una estrategia brillante para blindar la responsabilidad política: si el rescate falla, la culpa no será de la gobernadora, sino del alcalde “rebelde” que no firmó.

​Es loable que se busque detener el desfalco de los intereses perpetuos, pero el diagnóstico de Nahle sobre la “asfixia” municipal es incompleto si no se acompaña de una autocrítica hacia la clase política local. La gobernadora acierta al señalar las nóminas infladas y el paternalismo municipal, donde los alcaldes piden ambulancias prestadas porque no tienen para la gasolina, pero sí para el gasto corriente.

​Sin embargo, queda una pregunta en el aire: ¿De dónde saldrán los 1,800 millones ( Mil ochocientos millones de pesos)…para comprar la deuda? En un estado que apenas está sanando heridas con el SAT y el ISSSTE, la liquidez es un recurso escaso. Prometer que no habrá nueva deuda pública para financiar este rescate es una apuesta audaz que requiere una eficiencia recaudatoria casi milagrosa o un recorte draconiano en otras áreas.

​El plan de “ordenar Veracruz” a través del saneamiento de los 199 municipios es una ruta lógica para recuperar la capacidad de obra pública, pero no debe verse como un cheque en blanco. Si la liberación de estos recursos solo sirve para que los ayuntamientos sigan engrosando sus plantillas laborales o para financiar campañas en el futuro, el “rescate” habrá sido simplemente un cambio de dueño de la cadena.

​Veracruz no necesita solo que le quiten la deuda; necesita que le quiten la costumbre de administrar la miseria. La gobernadora ha lanzado los dados; ahora falta ver si los municipios están dispuestos a ceder su autonomía financiera a cambio de un respiro que, por ahora, solo tiene garantizada la duración del sexenio.

About The Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *