El Banquete de la Opacidad: Salmón y Arrachera en las Cárceles de Veracruz

Por: [Flori Marín l]
La política veracruzana ha transitado históricamente entre el surrealismo y la tragedia, pero el cierre de la administración de Cuitláhuac García Jiménez ha logrado añadir una nueva y cínica categoría: la gastronomía de la simulación.
El día Martes 17 del mes correspondiente, el Auditor Superior de la Federación, David Colmenares Páramo, entregó a la Cámara de Diputados el tercer y último informe de la Cuenta Pública 2024. El documento es una radiografía del desorden y, posiblemente, de la corrupción institucionalizada. De los 30 resultados determinados en la revisión, solo nueve quedaron libres de sospecha. El resto —una mezcla de irregularidades y observaciones pendientes— apunta directamente a los pilares más sensibles del estado: Salud, Educación y Seguridad.
Sin embargo, es en este último rubro donde el escándalo adquiere dimensiones insultantes. Bajo el pliego de observaciones 2024-D-19019-23-1518-06-008, la ASF revela que el Gobierno de Veracruz justificó el gasto de más de 414 millones de pesos en insumos gourmet para los Centros de Reinserción Social (Ceresos). Según las facturas, las Personas Privadas de su Libertad (PPL) habrían sido alimentadas con arrachera y salmón.
”Facturar manjares para quienes no tienen voz es la estrategia perfecta del desvío: el insumo se declara como ‘consumido’ y la evidencia desaparece en el tracto digestivo de una burocracia opaca.”
Resulta inverosímil —por no decir una burla a la inteligencia ciudadana— creer que en un sistema penitenciario marcado por el hacinamiento, la precariedad y las carencias básicas, el menú diario incluyera cortes finos y pescados de exportación. La sospecha de la ASF es contundente: no se trata de una mejora en la calidad de vida de los internos, sino de un presunto desvío de recursos operado a través de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).
Mientras el discurso oficial se envolvía en la bandera de la “austeridad republicana”, en las sombras se orquestaba un banquete fantasma de 414 millones de pesos. Este dinero, que debió destinarse a una verdadera infraestructura de seguridad o a programas reales de reinserción, terminó convertido en conceptos gourmet que, con toda probabilidad, jamás llegaron a una charola carcelaria.
La administración saliente tiene ahora la carga de la prueba sobre estos 14 resultados solventados a medias y los pliegos que quedan abiertos. Veracruz no necesitaba reos alimentados con salmón; necesitaba un gobierno que no alimentara la corrupción con el dinero de los ciudadanos. Al final, el único “corte fino” que se concretó en este sexenio fue el tajo que le dieron al erario público.
